jueves, 12 de noviembre de 2009

Comentario de Texto Literario, Crónica de una Muerte Anunciada.

Mi madre me escribió al colegio a fines de agosto y me decía en una nota casual:” Ha venido un hombre muy raro”. En la carta siguiente me decía: “El hombre raro se llama Bayardo San Román, y todo el mundo dice que es encantador, pero yo no lo he visto.” Nadie supo nunca a qué vino. A alguien que no resistió la tentación de preguntárselo, un poco antes de la boda, le contestó: “Andaba de pueblo en pueblo buscando con quién casarme.” Podía haber sido verdad, pero lo mismo podía haber contestado otra cosa, pues tenía una forma de hablar que más bien le servía para ocultar que para decir.

La noche en que llegó dio a entender en el cine que era ingeniero de trenes, y habló de la urgencia de construir un ferrocarril hasta el interior para anticiparnos a las veleidades del río. Al día siguiente tuvo que mandar un telegrama, y él mismo lo transmitió con el manipulador, y además le enseñó al telegrafista una fórmula suya para seguir usando las pilas agotadas. Con la misma propiedad había hablado de enfermedades fronterizas con un médico militar que pasó por aquellos meses haciendo la leva. Le gustaban las fiestas ruidosas y largas, pero era de buen beber, separador de pleitos y enemigo de juegos de manos. Un domingo después de misa desafió a los nadadores más diestros, que eran muchos, y dejó rezagados a los mejores con veinte brazadas de ida y vuelta a través del río. Mi madre me lo contó en una carta, y al final me hizo un comentario muy suyo: “Parece que también está nadando en oro.” Esto respondía a la leyenda prematura de que Bayardo San Román no sólo era capaz de hacer todo, y de hacerlo muy bien, sino que además disponía de recursos interminables.


Contextualización

Este fragmento está extraído del segundo capítulo de la novela Crónica de una muerte anunciada, escrita por Gabriel García Márquez (Aracataca, Colombia, 1928) en 1981. Este autor fue uno de los impulsores del “Boom” de la narrativa hispanoamericana de los años 60. Entre las características más destacables de este momento literario observadas en el texto, encontramos el realismo mágico (“dejó rezagados a los mejores con veinte brazadas de ida y vuelta a través del río”, así como en la descripción exagerada de las virtudes de un personaje).

Características del género literario

Otra característica de la novela, que aparece en este fragmento, es el cambio constante de perspectiva narrativa: se cuentan los hechos desde una postura omnisciente, relatando los hechos en tercera persona., aunque el narrador, en muchas partes, se convierte en personaje testigo al incluirse en la historia utilizando la primera persona gramatical (“Mi madre me escribió”, ”me decía”…). Observamos que la madre también se convierte puntualmente en narradora, ya que mediante el estilo directo relata su punto de vista de los acontecimientos.

Dentro de las técnicas narrativas, se advierte la ruptura de la linealidad temporal, rasgo presente en toda la novela, con continuos saltos en el tiempo. Esta escena evoca hechos que se produjeron antes de la muerte de Santiago Nasar, más concretamente cuando Bayardo San Román llega al pueblo.

Prácticamente toda la obra se desarrolla en el mismo espacio: el pueblo. Este pasaje nos sitúa en varios lugares: el colegio donde se encontraba el narrador, el cine en el que Bayardo cuenta su vida, y el río donde desafió a los narradores.

Como última técnica narrativa, los personajes que aparecen son: Bayardo San Román, al que se le presenta como un hombre culto, galante y rico. En el fragmento vemos, a través de los recuerdos de un personaje, el gran revuelo que provocó su presencia en el pueblo. El narrador, que, como ya sabemos, se convierte en personaje testigo. Y Luisa Santiaga, la madre del periodista y madrina del fallecido. Por último, cabe destacar, aunque no aparezca en esta parte, que el protagonista indiscutible de la obra es Santiago Nasar, al que se recuerda mediante las evocaciones de los personajes.

Comentario realizado por Goretti Marrero, 2º Bach. A.

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